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| La tan temida depresión: Qué tan lejos, qué tan cerca |
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Meses después, la Oficina Nacional de Investigación Económica de los Estados Unidos (NBER por sus siglas en inglés) oficializó el inicio de la recesión, la cual ya había aterrizado desde mediados de 2007 en tierras estadounidenses. Lo que los expertos y profesionales en dichas áreas pronosticaron respecto a que su duración oscilaría entre los 6 meses y un año, fallaron estrepitosamente. Un suceso, que luego desembocarían en otros 119 similares, provocó alarma y preocupación mundial, el 15 de Setiembre del 2009 el emblemático Lehman Brothers colapsó tras 158 años de actividades. Luego, ante el evidente temor de una segunda gran depresión (1,929) la administración Obama optó por un imprescindible e irrenunciable plan de estímulo por US$ 787,000 millones. Han transcurrido tres años, y pese a los enormes esfuerzos, se percibe una pálida y lenta recuperación que se ensombrece cada vez que la Oficina de trabajo anuncia que el índice del desempleo no es posible reducirlo por debajo del 9.6% mensual, y que el acumulado asciende a 14’600,000 desempleados, de los cuales, la inmensa mayoría no tendrían nuevas expectativas de trabajo, sin considerar las nuevas incorporaciones en edad de iniciar labores, ahora agravado, por la cancelación de la extensión de los bonos de desempleo decretada por el Senado. Más aun, cuando el mercado inmobiliario se rehúsa a mejorar su comportamiento de modo consecutivo. Ante tantas tribulaciones, hay quienes apostamos por un optimismo mesurado, confiados en que la reforma de salud y la reforma financiera, ambas, impulsadas por el gobierno, harán su trabajo y devolverán la confianza y tranquilidad a un país desconcertado y dubitativo respecto a las políticas y mensajes que provienen de los representantes demócratas y republicanos de la Cámara de Representantes y del Senado. Es decir, del Congreso estadounidense. Estamos a merced de lo que decidan por separado ya que el bipartidismo tantas veces invocado por Obama es rehusado por los republicanos, quienes confían en obtener resultados favorables en las elecciones de Noviembre próximo, en un afán por recuperar lo merecidamente perdido en las presidenciales de 2008. Me permito recordar lo anterior, porque una nueva preocupación nos asalta. La Cumbre de Toronto de los llamados G-20, no ejerció a cabalidad su rol de alcanzar un acuerdo sobre políticas de cómo reducir la deuda y el déficit publico sin menoscabo de quienes apuestan por un crecimiento sostenido. La posición de la administración Obama se reflejó en el artículo publicado el 23 de Junio en The Wall Street Journal “ Nuestra agenda para el G-20” rubricado por Timothy Geithner y Lawrence Summers, secretario del tesoro y presidente del consejo de asesores económicos de los EE.UU respectivamente, quienes reafirman: “Para mantener el impulso de la recuperación estadounidense necesitamos un crecimiento global fuerte, balanceado y sostenible”, para luego recomendar “ Debemos demostrar un compromiso para reducir los déficits a largo plazo, pero no a costa del crecimiento a corto plazo”. La posición norteamericana se encontró en solitario y sin muchos que la respalden. La resolución del G-20, optó por un severísimo ajuste fiscal que obliga principalmente a los países de la Eurozona y otros, a ajustarse los cinturones a niveles de asfixia por un periodo de tres años en una “búsqueda desesperada” por reducir los déficits fiscales a la mitad.” Recortar drásticamente el gasto en mitad de una depresión es realmente autodestructivo”. “Los gobiernos están obsesionados con la inflación, cuando la verdadera preocupación es la deflación” Paul Krugman. Por ahora, y solo por ahora, la inflexible posición asumida por Angela Merkel de Alemania, David Cameron del Reino Unido y Stephen Harper de Canadá, salió airosa, pero a un costo sin precedentes que significará entre otros, la irrecuperable pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo que se sumaran a las decenas de millones de desempleados en estado de pobreza y miseria, regados por el planeta. Un reciente artículo suyo, publicado “coincidentemente” el 4 de Julio, en el periódico El País, en el Día de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica: “La tercera Depresión”, me exime de ahondar en mayores comentarios. Y aunque suene iluso: Que nuestras predicciones no se confirmen y que prevalezca el sentido común para que todos juntos aboguemos por un mejor futuro para la humanidad.
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Cuando en enero de 2008, el prestigioso periódico “El Sol News” de Stamford publicó en portada: Recesión ¿Pronóstico o una preocupante realidad? un artículo de opinión de mi autoría, en su edición 792 correspondiente al periodo viernes 25 al 31 de enero de 2008, me llovieron una cantidad de críticas mediante llamadas y correos electrónicos por considerarlo alarmante, temerario, pesimista y hubo hasta quienes lo tildaron de disparatado. ¡Como se te ocurre decir tamaña mentira! ¡Estás loco, vivimos en el primer país y con la mejor economía del mundo! ¡Tus comentarios son un absurdo! Incredulidad, desinformación o desesperación ante lo inevitable, fueron los iniciales y severos cuestionamientos de nuestros lectores.


